viernes, 6 de julio de 2012

East African Community: El sinuoso camino hacia la esperanza


Que África ya no es lo que era es un secreto a voces. Como es cierto que el continente, al contrario de lo que se piensa, es la suma de un conjunto de realidades heterogéneas. Desde WorldWtrade, hoy les presentamos la historia de la subregión de la East African Community (EAC). La EAC es un bloque económico conformado por Kenia, Uganda, Tanzania, Ruanda y Burundi. Cada país tiene un relato diferente, pero todos tienen un punto en común: la esperanza.   

En el periodo 2001-2009 la EAC creció a una tasa anual del 5,8%, tan sólo superada por bloque económico de ASEAN con un 6,1%. Por otro lado, África Oriental, en línea con el resto del continente, está viviendo una explosión demográfica que bien catalizada puede proporcionar cuantiosos beneficios para las economías de la región. Si en 2002 la población de la EAC llegaba a los 110 millones de habitantes, hoy son ya 145 millones y se estima que en 2030 la región sume 200 millones de habitantes. Otra nota para el optimismo es el reciente descubrimiento de gas en las costas de Tanzania y petróleo en Uganda y Kenia. El flujo de ingresos derivados de su explotación será sin duda un alivio para las maltrechas balanzas por cuenta corriente de estos países. Las negativas experiencias de los vecinos de África occidental deben servir como ejemplo, a evitar muchos casos.

Pero al margen de las grandes cifras, la realidad es bien distinta para la gran mayoría de africanos del este. La renta per cápita anual media del bloque en el año 2012 según estimaciones del FMI tan sólo llegaba a los 610 USD. El porcentaje de población viviendo con menos de 1,25 USD al día va desde el 19,72% en Kenia al 81,3% de Burundi. No es difícil imaginar que pobreza extrema y opulencia conviven en estos países. La desigualdad alcanza niveles brutales y el desarrollo de los últimos años, aunque notable, ha dejado en el olvido a muchos.

Los líderes del África del Este se han convencido a lo largo de los años de que el camino más corto hacia el desarrollo pasa por la integración económica regional y la apertura a los mercados globales. Desde que en julio de 2010 se pusiera en marcha el protocolo del mercado común (libre movimiento de bienes y servicios, capitales y personas) los avances han sido significativos. La reducción de aranceles, sin ser completa, ha pasado del 26% de media en 1994 al 10% en 2011. Así, el comercio interregional ha aumentado en un 14% anual en los últimos 10 años.    

Pero como todo patio de vecinos, la convivencia a veces resulta un tanto tirante. Los diferentes gobiernos e instituciones multilaterales se han quejado de las diversas barreras comerciales que ponen en tela de juicio el desarrollo del mercado común. Estas van desde las restricciones temporales a las exportaciones, la más notoria fue la del maíz tanzano en plena hambruna en el norte de Kenia hace un año; la enrevesada normativa técnica; cuellos de botella en las infraestructuras; o los innumerables controles policiales o controles de carga en las carreteras. Para hacerse una idea de las complicaciones del comercio interregional, colocar un container desde a Japón al puerto de Mombasa en Kenia (Principal puerto de la región) cuesta 1.000 USD mientras que llevar ese mismo container desde Mombasa a Bujumbura, capital de Burundi, cuesta 5.000 USD según estimaciones del Banco Mundial.

Existen otros problemas estructurales que deben ser atajados. Se debe apostar por una reforma decidida de los marcos regulatorios, que lastran el desarrollo del sector privado. En ese sentido, Ruanda, la que llaman Suiza africana, es el alumno modélico del Banco Mundial ya que se sitúa en el puesto 45 del ranking Doing Business (El siguiente país de la EAC es Kenia en el puesto 109). Además es necesario subsanar el déficit energético que diezma el potencial la región. La carestía de energía le cuesta a Kenia un 1,5% de crecimiento en su PIB anual. Se estima que la demanda de energía en el este de África crecerá en un 69% en los próximos diez años. La deficiente red de carreteras debe ser mejorada, así como los principales puertos de la región (Mombasa y Dar es Salaam). Kenia destinará el próximo año un 24% de su presupuesto al desarrollo de estas infraestructuras.
 
Estos últimos dos aspectos constituyen una fuente de oportunidades de negocio para las empresas españolas. Además, el respaldo de las instituciones multilaterales y donantes bilaterales supone una garantía. Las empresas españolas comienzan a ser asiduas en las licitaciones de este tipo de proyectos e incluso han optado por establecerse en la región.
Por otro lado, se puede considerar que es un momento prematuro para el mercado de los bienes de consumo. La cadena de distribución más importante de la región estima que en 2020 alrededor de 25 millones de personas utilizarán los canales formales de consumo. Apostar hoy puede proporcionar importantes réditos en el futuro, lo contrario puede suponer llegar demasiado tarde. Así lo han entendido muchas empresas europeas.

La historia de la EAC es una de sinsabores y retos, pero sobre todo, ilusiones. Por primera vez en la historia las gentes de este rincón del continente africano miran al futuro con optimismo. Las opciones de éxito pasan por la capacidad de sus líderes de aprender de errores propios y ajenos y de imaginar políticas que fomenten el desarrollo a diversos niveles: infraestructuras, empresarial, social y humano. La magnitud de la tarea es colosal, si bien hay mimbres para llevarla a cabo. El tren del desarrollo se ha parado en la EAC, no cogerlo ahora sería un error histórico imperdonable. 

Raúl Fernández Tranche es Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Oviedo y trabaja actualmente como Analista de Mercado en la Oficina Comercial de la Embajada de España en Nairobi, Kenia.

1 comentarios:

Excelente artículo, sin duda. Vengo de viajar por Kenya, Tanzania y Uganda, y coincido plenamente con la realidad constatada. Es una vergüenza que los gobiernos de países como Tanzania y Uganda no reinviertan el capital obtenido por la cesión de la explotación de sus recursos naturales a empresas extranjeras. Y así tienen la cifra de fuga de cerebros que hay en Uganda, sin ir más lejos. Esperemos que mejore la situación.

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